lunes, 11 de febrero de 2019

El alumno ayudante en la clase de EF


Durante la segunda semana de prácticas en el centro escolar, durante la sesión de EF con un curso de Segundo de Primaria un niño se encontraba débil, cansado, posiblemente llevaba consigo el principio de virus o gripe y no se veía con la energía suficiente como para realizar actividad física. Al mismo tiempo, otro niño acaba de ser operado de apendicitis y no podía realizar esfuerzos debido a que se encontraba en proceso de cicatrización. Es aquí donde se produjo el hecho que hoy quiero relatar.
El docente pudo optar perfectamente por la opción más fácil y sencilla tanto para él como para los propios sujetos que protagonizan el acontecimiento que era dejarlos sentados en el banco a merced del aburrimiento y la inactividad, con riesgo de que estos mantuvieran una actitud disruptiva incomodando al resto del grupo, dificultando el desarrollo de la sesión rompiendo con el buen clima de aprendizaje, pero escogió que, aún con sus limitaciones, formaran parte del desarrollo de la sesión, otorgándoles el rol de “ayudantes”. Pude observar que la adquisición de ese papel para ellos fue todo un honor y una alegría, ya que significa contar para el docente, ser su mano derecha, el tener responsabilidades, tener un lugar que, durante la actividad si este no estuviera no se desarrollaría del mismo modo. Además, podían realizar su labor por si solos fomentando la autonomía y como antes he dicho, dando responsabilidades, lo más parecido a lo que sucede en el día a día de una persona desarrollada de manera íntegra, una persona competente. De nada sirve dejar a este tipo de alumnado aislado del desarrollo de la clase sin participar y sin aportar haciéndole sentir inútil lo primero y lo segundo sin aprender nada. Nos será más enriquecedor integrarle e incluirle en la sesión ofreciéndole un papel relevante como es el de “ayudante”, que sienta que pertenece al grupo en ese momento, aunque realice otra función, pero esto es infinidad de veces más relevante ya que está incluido en el proceso E-A.
¿Qué pasaría si el alumnado en cuestión por sus circunstancias tuviera que estar durante un largo periodo de tiempo sin poder realizar actividad física? Si no se contará con ellos directamente podríamos decirles que se quedaran en su casa ya que es lo mismo que no estar participando en la sesión. Como docente hay que tratar de que el grupo en su totalidad forme parte de la actividad e impedir que nadie quede fuera de ella, esto supondría un auténtico fracaso.

¿Por qué es beneficioso integrar al alumnado que no puede hacer EF en el desarrollo de la clase?
Existe una alternativa ya utilizada y evaluada con el fin de reducir los conflictos de aquel alumnado que pueden presentar conductas disruptivas dificultando el proceso de E-A a través del incumplimiento de las normas de convivencia y dificultando la existencia de un buen clima del aula.
En este caso hago referencia a los resultados presentados por ANdres, S., & Barrios, Á (2006) donde se evaluó como alternativa para la intervención de conflictos desde un ámbito interdisciplinar un programa de ayuda entre iguales.
Los programas de ayuda entre iguales fomentan el desarrollo personal y social realizando contribuciones significativas favoreciendo el desarrollo íntegro de las personas.
 Entre sus objetivos, cabe destacar su finalidad de favorecer la creación de un beneficioso clima de aprendizaje y de un buen desarrollo de la sesión posibilitando la mejora de la comunicación entre el alumnado, y entre alumnado y profesorado.
Todo aquello que se plantea pretende favorecer la integración y la inclusión de este alumnado teniendo en cuenta el bienestar socioemocional del alumnado, el respeto por los compañeros y compañeras además de la importancia de inducir a la manifestación de actuaciones autónomas y autorreguladas sobre uno mismo y sobre el entorno físico, interpersonal y social (Onrubia, 1995), favoreciendo, de este modo, el desarrollo de las capacidades de autorreflexión acerca de sí mismo y de interacción con el entorno.
El programa del alumno ayudante, así, se constituye en una poderosa herramienta de intervención que permite experimentar y mejorar las habilidades sociales a través de la propia práctica, como confirman los estudios que se han realizado hasta el momento (Andrés, Barrios y Martín, 2005; Andrés, Gaymard y Martín, 2005; Andrés y Martín, 2002; Benítez, 2003; Naylor y Cowie, 1999; Salmivalli, 1999).
Por tanto, es positivo para toda la comunidad que compone la escuela el echar mano de este tipo de recursos que no excluyen, sino que integran al alumnado en el proceso y de este modo no se desvincularán de la dinámica del grupo, obteniendo del mimo modo la consecución de los objetivos establecidos por el docente ya que habrá creado un clima educativo de aprendizaje propicio para ello y sin tener que prescindir de ningún componente del grupo.

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