Durante la segunda semana
de prácticas en el centro escolar, durante la sesión de EF con un curso de Segundo
de Primaria un niño se encontraba débil, cansado, posiblemente llevaba consigo
el principio de virus o gripe y no se veía con la energía suficiente como para
realizar actividad física. Al mismo tiempo, otro niño acaba de ser operado de
apendicitis y no podía realizar esfuerzos debido a que se encontraba en proceso
de cicatrización. Es aquí donde se produjo el hecho que hoy quiero relatar.
El docente pudo optar
perfectamente por la opción más fácil y sencilla tanto para él como para los
propios sujetos que protagonizan el acontecimiento que era dejarlos sentados en
el banco a merced del aburrimiento y la inactividad, con riesgo de que estos
mantuvieran una actitud disruptiva incomodando al resto del grupo, dificultando
el desarrollo de la sesión rompiendo con el buen clima de aprendizaje, pero
escogió que, aún con sus limitaciones, formaran parte del desarrollo de la
sesión, otorgándoles el rol de “ayudantes”. Pude observar que la adquisición de
ese papel para ellos fue todo un honor y una alegría, ya que significa contar
para el docente, ser su mano derecha, el tener responsabilidades, tener un
lugar que, durante la actividad si este no estuviera no se desarrollaría del
mismo modo. Además, podían realizar su labor por si solos fomentando la
autonomía y como antes he dicho, dando responsabilidades, lo más parecido a lo
que sucede en el día a día de una persona desarrollada de manera íntegra, una
persona competente. De nada sirve dejar a este tipo de alumnado aislado del
desarrollo de la clase sin participar y sin aportar haciéndole sentir inútil lo
primero y lo segundo sin aprender nada. Nos será más enriquecedor integrarle e
incluirle en la sesión ofreciéndole un papel relevante como es el de “ayudante”,
que sienta que pertenece al grupo en ese momento, aunque realice otra función,
pero esto es infinidad de veces más relevante ya que está incluido en el
proceso E-A.
¿Qué pasaría si el
alumnado en cuestión por sus circunstancias tuviera que estar durante un largo
periodo de tiempo sin poder realizar actividad física? Si no se contará con
ellos directamente podríamos decirles que se quedaran en su casa ya que es lo
mismo que no estar participando en la sesión. Como docente hay que tratar de
que el grupo en su totalidad forme parte de la actividad e impedir que nadie
quede fuera de ella, esto supondría un auténtico fracaso.
¿Por qué es beneficioso integrar
al alumnado que no puede hacer EF en el desarrollo de la clase?
Existe una alternativa ya
utilizada y evaluada con el fin de reducir los conflictos de aquel alumnado que
pueden presentar conductas disruptivas dificultando el proceso de E-A a través
del incumplimiento de las normas de convivencia y dificultando la existencia de
un buen clima del aula.
En este caso hago
referencia a los resultados presentados por ANdres, S., & Barrios, Á (2006)
donde se evaluó como alternativa para la intervención de conflictos desde un
ámbito interdisciplinar un programa de
ayuda entre iguales.
Los programas de ayuda entre iguales fomentan el desarrollo
personal y social realizando contribuciones significativas favoreciendo el
desarrollo íntegro de las personas.
Entre sus objetivos, cabe
destacar su finalidad de favorecer la creación de un beneficioso clima de
aprendizaje y de un buen desarrollo de la sesión posibilitando la mejora de la comunicación
entre el alumnado, y entre alumnado y profesorado.
Todo aquello que se plantea pretende favorecer la integración y la
inclusión de este alumnado teniendo en cuenta el bienestar socioemocional del alumnado,
el respeto por los compañeros y compañeras además de la importancia de inducir
a la manifestación de actuaciones autónomas y autorreguladas sobre uno mismo y
sobre el entorno físico, interpersonal y social (Onrubia, 1995), favoreciendo,
de este modo, el desarrollo de las capacidades de autorreflexión acerca de sí
mismo y de interacción con el entorno.
El programa del alumno ayudante, así, se constituye en una
poderosa herramienta de intervención que permite experimentar y mejorar las
habilidades sociales a través de la propia práctica, como confirman los
estudios que se han realizado hasta el momento (Andrés, Barrios y Martín, 2005;
Andrés, Gaymard y Martín, 2005; Andrés y Martín, 2002; Benítez, 2003; Naylor y
Cowie, 1999; Salmivalli, 1999).
Por tanto, es positivo para toda la comunidad que compone la
escuela el echar mano de este tipo de recursos que no excluyen, sino que
integran al alumnado en el proceso y de este modo no se desvincularán de la
dinámica del grupo, obteniendo del mimo modo la consecución de los objetivos
establecidos por el docente ya que habrá creado un clima educativo de
aprendizaje propicio para ello y sin tener que prescindir de ningún componente
del grupo.

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